Un pedido vuelve a salir tarde. Ventas culpa a operaciones; operaciones asegura que recibió los datos incompletos. Tú intervienes, resuelves la urgencia y pides más coordinación. La semana siguiente ocurre lo mismo.

Para entender qué falla, conviene distinguir tres posibilidades: faltan medios o pasos operativos, no está claro quién debe hacerse cargo o existe una tensión en las relaciones. Pueden coexistir, pero cada una requiere una respuesta diferente.

La mirada sistémica permite explorar cómo se conectan. Es una hipótesis de trabajo que debemos contrastar con hechos y con las personas implicadas, no un diagnóstico infalible.

 

1. Fallos operativos: ¿se puede hacer bien el trabajo con los medios disponibles?

Un fallo operativo afecta al modo de ejecutar una tarea: información incompleta, herramientas inadecuadas, formación insuficiente, tiempos imposibles o capacidad limitada.

Señales: los errores aparecen en el mismo paso, afectan a distintas personas o aumentan cuando crece el volumen de trabajo.

Preguntas de contraste:

– ¿La información llega completa y a tiempo?

– ¿Hay recursos y conocimientos suficientes?

– ¿El fallo se repite aunque cambie quien realiza la tarea?

 

Primera acción: sigue una tarea de principio a fin e identifica dónde se detiene. Prueba un ajuste concreto, como un formulario de entrega con los datos imprescindibles. Si disminuyen los errores, tienes un indicio operativo; todavía no una explicación completa.

 

2. Responsabilidades mal definidas: ¿quién puede decidir y quién responde?

Aquí puede existir un procedimiento correcto, pero nadie sabe quién lo coordina, valida o modifica.

También ocurre cuando alguien tiene responsabilidad sobre un resultado sin autoridad para tomar decisiones.

Señales: tareas duplicadas, aprobaciones interminables, instrucciones contradictorias o asuntos que siempre terminan en dirección.

Preguntas de contraste:

– ¿Coinciden las personas al explicar quién decide?

– ¿La responsabilidad formal coincide con lo que ocurre?

– ¿Alguien corrige o sustituye habitualmente a otro responsable?

Primera acción: acuerda por escrito quién ejecuta, quién decide y cuándo debe consultar.

Comprueba que ese acuerdo se respeta.

Desde la Sistémica-HS®, esto puede explorarse como una cuestión de orden y lugar. Puedes ampliar esta perspectiva en las leyes sistémicas aplicadas a personas, equipos y empresas.

Si todo acaba pasando por ti, observa también el desgaste del líder que sostiene demasiadas responsabilidades.

 

3. Tensiones relacionales: ¿qué ocurre entre las personas cuando trabajan juntas?

Las tensiones relacionales afectan a cómo se pide ayuda, se discrepa, se comparte información o se reconoce una aportación.

Señales: conversaciones evitadas, descalificaciones, información que no se comparte con determinadas personas o acuerdos que se aceptan en reunión y después se cuestionan por separado.

Preguntas de contraste:

– ¿La dificultad cambia según quién participa?

– ¿Qué sucede justo antes y después del desacuerdo?

– ¿Hay personas afectadas que quedan fuera de las conversaciones?

Primera acción: reúne a las partes para reconstruir un episodio concreto, diferenciando hechos, interpretaciones y peticiones.

Una lectura sistémica podría explorar un circuito: cuanto más controla una persona, menos iniciativa toma otra; esa menor iniciativa refuerza el control. También cabe investigar desequilibrios, exclusiones o falta de reconocimiento, sin darlos por demostrados. Observar el conjunto no elimina la responsabilidad individual.

 

Un ejemplo empresarial hipotético y cómo intervenir

Imagina una distribuidora con entregas retrasadas. Al revisar pedidos, detecta datos incompletos: un hecho operativo. Al preguntar quién confirma las fechas, ventas y logística señalan responsables distintos: una ambigüedad de funciones. En las reuniones, además, aparecen reproches y se omiten avisos por temor a otra discusión: una posible tensión relacional.

Este ejemplo es hipotético; no describe un cliente ni resultados reales. Tampoco demuestra que exista una única causa.

Para investigar una situación parecida:

1. Registra dónde y cuándo aparece el fallo.

2. Contrasta las versiones con las personas implicadas.

3. Ajusta el proceso y acuerda responsabilidades explícitas.

4. Aborda las conversaciones pendientes.

5. Revisa retrasos, errores y cumplimiento de acuerdos.

La experiencia de un profesional puede orientar preguntas; no sustituye la comprobación. Busca ayuda externa si el patrón persiste tras esos ajustes o si las conversaciones se bloquean reiteradamente.

Antes de pedir más esfuerzo, localiza qué necesita cambiar: los medios, las responsabilidades o la forma de relacionarse.

 

Ahora… Compara estas señales con las de un equipo que se esfuerza sin conseguir avanzar.

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