Hay líderes que llevan años intentando resolver los mismos problemas: cambian personas, procesos, estrategias..
Y durante unas semanas parece que todo mejora.
Hasta que vuelve a pasar.
Otra vez tensión en el equipo.
Otra vez bloqueos con socios.
Otra vez sensación de desgaste constante.
Otra vez la impresión de que todo depende de ellos para avanzar.
Y lo más frustrante es que muchas veces ya han entendido el problema: saben que el equipo no funciona bien, que hay desorden y que, como consecuencia, el ambiente en la oficina se ha deteriorado.
Incluso, muchas veces, saben qué dinámicas están generando parte del conflicto.
Pero entenderlo no basta.
Porque hay un punto en el que el problema deja de ser “comprender” y pasa a ser otro muy distinto: cómo intervenir en el sistema sin seguir empeorándolo.
Y ahí es donde la Sistémica-HS® deja de ser una teoría interesante para convertirse en una herramienta práctica.
Una de las grandes diferencias de la Sistémica-HS® frente a otros enfoques es que no trabaja solo sobre personas, emociones o comportamientos aislados.
Trabaja sobre sistemas.
Y eso cambia completamente la forma de intervenir.
Porque cuando entiendes que una empresa funciona como un sistema, empiezas a ver algo muy importante: que muchas veces el problema visible no es el problema real y no está, realmente, en “la persona problemática”, sino en el sistema en el que esa persona está funcionando.
Y esto, llevado a una empresa, cambia completamente la forma de intervenir.
Te pongo un ejemplo muy habitual: imagina una empresa donde constantemente hay conflictos entre departamentos. Desde fuera, lo normal es pensar que el problema son las personas: “no se entienden”, “no colaboran”, “cada uno va a lo suyo”, “ya no hay vocación”….
Así que la empresa hace lo habitual: más reuniones, más protocolos, más formación en comunicación.
Pero el conflicto sigue apareciendo.
(Igual que ocurre con muchos patrones invisibles que se repiten una y otra vez dentro de empresas y familias, como te conté en este post).
¿Por qué?
Porque el problema no es de comunicación.
Quizá uno de los departamentos lleva años asumiendo responsabilidades que no le corresponden mientras otro ocupa un lugar de más poder del que realmente tiene, o puede que el líder esté interviniendo constantemente en decisiones que deberían resolver los equipos y, sin darse cuenta, esté debilitando su autonomía.
Eso es mirar sistémicamente.
Dejar de preguntarte solo “quién falla” y empezar a observar cómo está organizado el sistema y qué dinámicas está generando esa estructura.
Otro ejemplo muy típico…
Empresas donde todo depende siempre del CEO, en las que suele aparecer uno de los mayores problemas de autonomía de los equipos, como ya comentamos aquí. El equipo no decide, nadie da un paso sin validación, todo termina escalando arriba. Y normalmente la conclusión es: “la gente no tiene iniciativa ni ganas de trabajar”.
Pero muchas veces no es eso.
Muchas veces el sistema ha aprendido durante años que decidir tiene consecuencias, que equivocarse se penaliza o que, haga lo que haga, la última palabra siempre será del líder. y
Y el equipo termina actuando exactamente como el sistema le ha enseñado a actuar.
La Sistémica-HS® trabaja precisamente ahí: identificando qué dinámicas invisibles están sosteniendo el problema para intervenir en el origen y no solo en las consecuencias.
Cuando cambias la estructura del sistema, muchas veces el comportamiento cambia solo.
Hay empresas donde el mayor desgaste no viene del trabajo, sino de la anticipación constante.
Líderes que pasan el día pensando en lo que podría pasar, en lo que el equipo no hace, en lo que se va a estropear, lo que va a salir mal, lo que tendrán que solucionar después.
Y aunque parezca responsabilidad, muchas veces eso es pre-ocupación.
(Lo que ahora se llama “sobrepensar”).
Es decir: gastar energía antes de actuar.
La consecuencia es brutal, porque el líder acaba agotado antes incluso de intervenir y el sistema termina dependiendo emocionalmente de ese estado permanente de tensión.
Desde la mirada sistémica, el cambio importante ocurre cuando pasas de la pre-ocupación a la ocupación, que ya sé que parece un juego de palabras… pero no lo es.
Preocuparse suele implicar resistencia:
Ocuparse es otra cosa.
Es aceptar primero lo que hay para poder intervenir con criterio.
Y esto es importante aclararlo bien: aceptar no significa resignarse, sino dejar de perder energía negando la situación.
Porque mientras sigues enfadado con la realidad, no puedes trabajar sobre ella.
Y eso es exactamente lo que hacen muchos líderes sin darse cuenta: quieren solucionar problemas… sin aceptar antes cómo está realmente el sistema.
Si hay una pregunta que resume gran parte de la mirada sistémica, probablemente sea esta:
¿Qué tengo que cambiar yo para que esta situación mejore, aunque el otro no cambie?
Y no porque todo dependa de ti, sino porque ese es el único lugar desde el que realmente puedes intervenir. Cuando entiendes esto, dejas de intentar controlar continuamente a las personas, al equipo o al entorno y empiezas a mirar qué posición estás ocupando tú dentro del sistema.
Ahí es donde suele empezar el cambio de verdad.
Muchas veces creemos que el cambio llegará cuando los demás hagan algo distinto, normalmente lo que nosotros pensamos que deberían hacer (que el equipo se implique, el socio cambie o desaparezca el conflicto).
Pero en los sistemas humanos suele ocurrir algo curioso: cuando una persona cambia su posición dentro del sistema, todo el sistema se reorganiza alrededor de ese movimiento (porque el equipo suele reflejar mucho más de su líder de lo que parece, aquí te lo explico).
Y eso explica por qué algunas empresas empiezan a funcionar de forma completamente distinta sin haber cambiado prácticamente nada externo, ni el mercado, ni el equipo ni los clientes.
Solo tiene que cambiar la forma de intervenir sobre el sistema.
Y eso lo transforma todo.
Como ves, la Sistémica-HS® no consiste en aprender teoría sobre relaciones humanas, sino en desarrollar la capacidad de ver qué está pasando realmente dentro de un sistema para poder intervenir con criterio.
Y cuando empiezas a mirar así, ocurre algo curioso: muchos problemas dejan de parecer caóticos y empiezan a tener sentido.
Aunque hasta ese momento llevaras años intentando resolverlos desde el lugar equivocado.
Pronto tendrás una oportunidad de aprender más sobre esto (y gratis).
Mientras tanto, no nos pierdas de vista.