El sistema más importante al que perteneces (y no es tu familia)

Hay un sistema al que perteneces desde el primer minuto de tu vida, cada día. 

Está contigo cuando decides, cuando hablas, cuando te relacionas. 

A veces te impulsa. A veces te limita. Y, sin embargo, casi nunca lo ves.

No es tu familia. No es tu pareja. No es tu equipo. 

Es el sistema interno que has construido con todas tus partes.

Tus pensamientos, tus emociones, tus versiones pasadas, tus miedos, tus anhelos, tus contradicciones… todos conviven dentro de ti. Y todos quieren tener su lugar, porque cuando no lo tienen, el sistema se desordena.

Y ahí es cuando empiezas a repetir patrones, a desconectarte de ti, a tomar decisiones que no entiendes… Y a sentir que te pasa algo malo, algo falso la mayoría de las veces.

Hoy quiero ayudarte a mirar de frente a ese sistema invisible.

Porque si aprendes a ordenarte por dentro, todo lo externo se recoloca también.

 

Si dentro de ti hay exclusión, fuera también

La ley de pertenencia no se aplica solo a tu familia o a tu equipo. También se aplica a ti.

A veces excluyes partes internas que no te gustan o te incomodan: tu tristeza, tu inseguridad, tu necesidad de afecto. Otras veces, versiones de ti que preferirías olvidar: la que fracasó, la que tuvo miedo, la que se equivocó.

Pero todo eso sigue formando parte de tu sistema.

Y como ya te conté en el artículo Crisis vital o desorden interno: cómo entender tu malestar y recolocar tu vida, lo que no se incluye, toma más importancia y se repite.

Se manifiesta fuera, en todas las cosas que realizas y con todas las que te relacionas.

Como estamos hablando de ti mismo, esto quiere decir que todo eso que rechazas, se convierte en conflicto, en rechazo o en exigencia hacia los demás.

¿Has oído alguna vez eso de que lo que nos molesta de los demás es el reflejo de la parte de nosotros mismos que menos nos gusta? Pues justo eso.

Por ejemplo:

  • Si rechazas tu parte vulnerable, tenderás a despreciar la debilidad en otros.
    Como cuando te molesta que tu pareja llore o que un compañero de trabajo pida ayuda. 
  • Si niegas tu parte exigente, acabarás rodeado de personas que te imponen cosas.
    Eso se nota cuando no eres capaz de decir que no a nada de lo que te piden, aunque por dentro estés rabiando por tener que hacerlo. 
  • Si no reconoces a la parte que necesita ser vista, reclamarás atención sin darte cuenta.
    ¿Te enfadas si no te tienen en cuenta para cualquier plan que te interese, aunque no hayas dicho antes que te interesa, porque “deberían saberlo”? Ahí lo tienes

Todo lo que excluyes dentro, se proyecta fuera.

Por eso, cuando no te incluyes completo, cuanto no te aceptas con todas tus luces y, sobre todo, con todas tus sombras, es difícil que los demás te vean del todo también.

 

Incluir es aceptar lo que fuiste y lo que eres (aunque no te guste)

Aceptar no es justificar todo lo que has hecho o sentido, ni convertir cada parte tuya en una virtud, pero tampoco es resignarte: se trata de mirar(te) con verdad lo que hubo, y dejar de luchar contra ello.

Porque no puedes construir una versión más libre de ti si sigues en guerra con tus versiones pasadas.

Piensa en una persona que busca una relación estable, pero no se permite confiar del todo.En cuanto se implica un poco, algo en su interior se activa: duda, se aleja, se pone a prueba a sí misma o a la otra persona. Y así, se sabotea sin querer y condena al fracaso cada nueva relación.

Lo habitual, revisando su historia, es que haya una versión suya que fue muy ingenua, que se entregó sin límites y salió muy herida. Desde entonces, no se lo ha perdonado y esa parte se quedó congelada, excluida.

Y ahora, para que no vuelva a pasar, la nueva versión se ha puesto una armadura que tampoco le deja vivir lo que desea.

Lo mismo sucede con esas personas que buscan el respeto de su equipo, pero se siguen hablando a sí mismas con desprecio, por ejemplo. 

Cuanto más se exigen y se autocastigan por dentro, más perciben que desde fuera no se las valora, aunque esa mirada crítica venga de ellas mismas, porque no han incluido a esa parte suya que también cometió errores, que también se cansa, que también tiene miedo.

La solución es sencilla de entender, pero difícil de asimilar.

Hasta que no aceptas que esa parte herida también eres tú, y la tratas con respeto en lugar de desprecio, tu sistema no se ordena. 

Porque falta una pieza.

Solo puedes transformar lo que asumes. 

Y algo más te digo: el sistema interno siempre se adelanta al externo. 

Hasta que no hagas las paces por dentro, todo lo de fuera va a seguir repitiendo el mismo conflicto.

 

El primer sistema que debes ordenar está dentro de ti

Una parte de tu energía se pierde cada día intentando mantener fuera del sistema lo que ya pertenece.

Por eso, cuando te permites incluir lo que eras, lo que sientes, lo que aún no está resuelto, algo dentro se recoloca. Y desde ahí, puedes vincularte de otra manera: sin exigir, sin juzgar, sin compensar.

Porque el vínculo más importante no es con tu familia, tu pareja o tu equipo.

Es contigo.

Y ese sistema, el tuyo, también necesita pertenencia.

En los próximos Cursos Sistémicos vamos a trabajar exactamente esto: cómo se forman los sistemas, qué lugar ocupas dentro de ellos y cómo empezar a recolocar lo que hoy te está drenando.

Es una invitación a dejar de exigirte tanto fuera, y empezar a incluirte dentro.

Si te apetece hacerte este regalo de San Valentín, aquí lo tienes.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad