Por qué se repiten los mismos propósitos cada año por Angel de Lope

Cada año comienzas con ese murmullo interior que todos conocemos: “Este año sí que sí”.

Una voz que aparece entre propósitos, promesas y la presión social de “comenzar bien el año”.

– Bajar de peso.

– Estudiar algo nuevo.

– Cambiar de trabajo.

– Pasar más tiempo con quienes quieres.

– Gestionar mejor el estrés.

Y, sin embargo, la historia se repite una y otra vez: muchos de esos propósitos nunca se cumplen y lo único que hacen es repetirse año tras año tras año…

No es casualidad que esto pase a tanta gente.

Y tampoco es falta de fuerza de voluntad, ni siquiera falta de buenos deseos.

Es algo mucho más profundo. Y hoy vas a entenderlo.

La mayoría de los propósitos que no se cumplen… es porque no son tuyos.

Sé que ahora mismo estás pensando que no sé ni lo que digo, pero acompáñame a analizarlo desde un enfoque sistémico, a ver si te encaja más.

Fíjate: cada enero la lista es parecida (si no la misma) y, sin embargo, nadie se para a preguntarse por qué se repiten los mismos propósitos, tal cual, de un año a otro.

Si aplicas la visión sistémica, lo suyo es mirar esto con otra pregunta:

¿Dónde se genera un propósito?

Cuando te propones un objetivo concreto… ¿Por qué te lo planteas, por qué es importante, cuál es su origen?

¿Viene de tu vida adulta?

¿Es tu deseo propio y genuino?

¿O de algo que llevas asumiendo desde hace años, sin darte cuenta?


Porque te puedo asegurar que, muchas veces, esa lista no nace de tu lugar adulto, sino que nace de orígenes ajenos, por ejemplo:

  • De una culpa heredada: “Debería hacer esto porque mis padres me lo dijeron, es lo que esperaban de mí, por esto se sacrificaron….”

    Esa persona que se propone emprender cada año, no porque le apasione, sino porque siente que le debe a su familia “salir adelante” o “ser alguien” después de tantos esfuerzos por pagarle los estudios. Internamente no emprende por deseo, sino por deuda.

     

  • Lealtades invisibles: “Esto es lo que se ha hecho siempre en mi familia, se da por supuesto que yo también… aunque no lo haya hablado.”

    El hijo de una familia de empresarios que cada enero se promete “hacer crecer el negocio familiar”, aunque en realidad le gustaría cerrar y empezar un proyecto propio. No lo hace por vocación, sino por lealtad al legado de sus padres y abuelos.

     

  • Mandatos que no son tuyos: “Así es como se debe vivir.”

    Esa profesional brillante que se marca como propósito “formar una familia”, aunque ni tiene pareja ni lo desea profundamente. Lo piensa porque “ya toca” o porque es “lo que se espera” a cierta edad, según su entorno, pero ella es feliz viajando libremente.

     

  • Reparaciones inconscientes: “Si no lo hago yo, será como un fracaso personal.”

    Una mujer que cada enero se promete “formarse más, leer más, ser más productiva”, como forma de compensar el hecho de que su madre no pudo estudiar por cuidar de sus hermanos. Aunque nadie se lo ha pedido, carga con la expectativa de “reparar” esa historia familiar a través de su propio esfuerzo.

¿Te suena alguno de esos ejemplos? 

En todos ellos, el propósito nace fuera de la propia persona y, desde ese punto de partida, raro es que se cumpla.

(Aunque estoy seguro de que todas esas personas tenían la capacidad para cumplir sus propósitos).

Pero no lo hacían… porque su sistema interior no lo sostenía.


Qué es, en realidad, un propósito según la sistémica

Desde la mirada Sistémica‑HS®, un propósito no es solo un deseo, ni una meta.

Es una posición energética que te obliga a poner un pie delante del otro en el camino de tu vida y eso tiene consecuencias…

  • Cuando miras desde tu lugar adulto y consciente, tu sistema interior se alinea.
  • Cuando miras desde una lealtad antigua, tu sistema se resiste.
  • Cuando miras desde la exigencia de otros, tu sistema se paraliza.

Así, uno tras otro, tus propósitos de enero terminan olvidados en marzo… si no los olvidas antes.

Y seguro que tú querías cumplirlos, pero no están asumidos desde donde tú realmente estás y así es imposible.

Un caso real de propósitos incumplidos (y su por qué)

Te cuento el caso real de María, que llegó a mi consulta el año pasado con la lista habitual:

“Este año quiero cambiar de trabajo,
aprender otro idioma
y tener más tiempo para mí.”

En abril tenía un bajón terrible porque no había empezado ni a intentarlo con ninguno de ellos y se sentía completamente frustrada y agobiada.

Nos pusimos a mirar cada uno de esos propósitos con preguntas sistémicas:

  • ¿Por qué ahora?
  • ¿Para qué exactamente?
  • ¿De quién es ese deseo, tuyo o de otra persona?
  • ¿Qué historia hay detrás de eso?

Y lo que salió no fue lo que María esperaba.

  • El “quiero cambiar de trabajo” no era tanto un deseo propio… sino una respuesta a una expectativa que había heredado de su familia: “para ser alguien en la vida hay que tener un buen puesto”.

    Ese mandato estaba detrás de su estrés, no su ambición.

     

  • El “aprender otro idioma” estaba más ligado a una culpa heredad que a una aspiración personal real: siempre sintió que sus padres admiraban a su prima (y envidiaban a sus tíos), porque hablaba cinco idiomas y sacaba matrículas.

    Como si aprenderlos ahora pudiera ganarse también ella esa aprobación.

     

  • El “tener más tiempo para mí”… fue lo único que, al mirarlo en profundidad, tenía sentido genuino. Porque detrás de ese propósito había un vacío emocional y una necesidad real de descanso y presencia.

Es evidente que María quería cumplir su lista, pero  algunos ítems no venían de ella…. Y no hay fuerza de voluntad que pueda sostener una intención que no es tuya.

Cómo reconocer un propósito que sí puede cumplirse

Hay tres señales que diferencian un propósito que tiene energía de uno que la consume:

1. Te da paz al pensarlo

Si al imaginar tu propósito sientes alivio, tranquilidad o una sensación interna de “esto sí”, es señal de que está alineado contigo. No necesitas convencerte ni justificarlo demasiado: simplemente resuena.

Puede que te inspire respeto o cierto vértigo… pero no presión.

2. Te genera tensión o culpa

Si lo primero que aparece al pensar en tu propósito es una sensación de ansiedad, crítica interna o autoexigencia (“debería…”, “ya va siendo hora de…”), probablemente ese deseo no viene de tu centro.

A menudo nace del juicio o de un mandato que arrastras y que no te pertenece del todo.

3. Necesitas justificarlo con una historia que no es del todo tuya

Cuando un propósito necesita ir acompañado de explicaciones largas sobre otras personas (“es que en mi familia siempre…”, “porque mi pareja piensa que…”, “como a mi hermano le funcionó…”), es muy probable que no nazca de ti, sino de una expectativa externa que estás intentando cumplir sin darte cuenta.

Si quieres escribir tu lista de este año y que realmente cambie algo… empieza por saber desde dónde estás queriendo eso.

¿Y si este año no haces otra vez la misma lista?

¿Qué pasaría si en lugar de escribir lo que quieres… escribes desde dónde lo quieres?

Porque ahí está la diferencia entre:

✔ Decir “quiero cambiar”

y

✔ Decidir desde tu lugar adulto, consciente y ordenado.

Esa diferencia es lo que hace que los propósitos se cumplan… o se olviden y a aquí entra la Sistémica de forma práctica

Si este año quieres empezar a mirar con claridad, sabiendo qué impulsa tus decisiones, qué historia estás repitiendo y cómo crear propósitos que tu sistema pueda sostener…

Tengo una invitación para ti, mi evento sistémico gratuito:

“El sistema para dejar de apagar fuegos en tu negocio (y en tu vida)”

Será online,  el próximo jueves 5 de febrero, a las 19:00h (hora de Madrid)

En este evento vamos a:

  • Ver qué patrones repites sin saberlo.
  • Identificar qué es tuyo y qué no.
  • Empezar a ordenar tu mirada para que este año no sea una repetición del anterior.

 

Puedes reservar tu plaza ya mismo haciendo clic en este enlace.

Espero verte allí…

Porque sé que no te hace falta otra lista: te hace falta otra mirada.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad